Más que el cuello de botella, soy la tapa

Siempre quise alguien que me hiciera acordar de las cosas justas en el momento correcto. Nunca lo había conseguido hasta ahora, simplemente por el hecho de que no tenía nadie que compartiera toda la info necesaria, de la manera correcta y que encima pudiera procesarla.

Intenté de varias formas distintas: haciendo que gente participe conmigo en reuniones, tomando notas y compartiéndolas, grupos de WhatsApp específicos para briefings. Nada.

Me pregunto cómo lo hacen los Presidentes, gente que de verdad maneja muchas variables. Si a mí se me complica, ¿cómo hacen ellos para resolverlo? Los asistentes no siempre son una solución, y mucho menos la cantidad: supongo que uno no tiene más asistentes para hacer menos cosas. Los tiene para hacer las cosas correctas. La diferencia parece semántica. El desafío está en armar el equipo.

Delegar bien requiere articular con precisión qué querés, cuándo, con qué criterio. El asistente no adivina. Yo tampoco sabía que no sabía.

Entonces construí mi propio Chief of Staff con OpenClaw. Un agente que lee mi agenda, tiene acceso a mis reuniones, monitorea mis proyectos, me propone, me desafía y, cuando lo dejo, ejecuta en mi nombre.

El efecto secundario que no anticipé: para que funcione bien, primero tengo que entenderme a mí mismo. El agente no completa mis ideas. Las amplifica. Y lo que amplifica es mi claridad — o mi falta de ella.

Está funcionando.

Me di cuenta de que más que el cuello de botella, soy la tapa.