La trampa del descanso
Hay un momento en toda carrera larga — de montaña, de empresa — en que la tentación es parar. Tomar aire, reorganizar, construir una base más sólida antes de seguir. Parece responsable. Casi siempre es una trampa.
En trail, el corredor experimentado sabe que sentarse es el principio del final. No porque ignorar el dolor sea una virtud, sino porque el cuerpo frío no arranca igual. Lo que parecía un descanso necesario se convierte en el momento donde la carrera se pierde — no ante un rival, sino ante uno mismo.
Las organizaciones funcionan igual. La decisión de frenar para profesionalizarse, contratar el equipo, armar los procesos — suena a madurez. Ejecutada en el momento equivocado, es la forma más común de perder la única ventaja que las organizaciones chicas tienen sobre las grandes: la velocidad de ciclo.
Hoy esa ventaja es mayor que nunca. La tecnología, la IA y la automatización le dan a una organización de cinco personas la capacidad operativa que antes requería cincuenta. El argumento para frenar y construir estructura es cada vez más difícil de sostener.
La carrera se pierde cuando se frena. Así que pase lo que pase, hay que seguir moviéndose.