La inteligencia que estoy construyendo
Hay una diferencia entre usar IA y construir con IA. Es una distinción estratégica.
Construir con IA es diseñar un sistema que conoce tu contexto, recuerda tus decisiones, opera con tus reglas y, si lo dejás, actúa en tu nombre.
Hace unos días arranqué a construir mi propio Chief of Staff con IA. Un sistema que lee mi agenda, monitorea mis proyectos, me propone, me desafía y ejecuta. Uno que aprende de cada conversación y ajusta. La velocidad a la que evoluciona —y el impacto que ya tiene en mi productividad— me sorprende.
Lo que estoy construyendo es mío de una manera que una conexión a una API no puede serlo. Es inteligencia moldeada con mis criterios, mi historia, mi forma de pensar. Y eso tiene un efecto secundario que no anticipé: me obliga a estructurar cómo pienso. A articular mis problemas con más precisión para que el sistema los entienda. A mirarlos desde un ángulo que solo, dentro de mi propia cabeza, rara vez encuentro.
Todavía está en construcción. Pero ya noto algo: la diferencia entre este enfoque y cualquier otro se siente en cuánto podés dejar de pensar en lo que no importa.